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Paso 1Activación

El Dolor que Cambia de Lado

Mi papá le tomaba la presión al paciente y de pasada le preguntaba por su mamá.

Mi papá era médico familiar. Trabajó muchos años en el IMSS, se jubiló, y aun así siguió pasando consulta en Farmacias Similares — ya de puro gusto, como quien no sabe estarse quieto.

Y él usaba la biodescodificación en la consulta. Siendo doctor.

Llegaba el paciente con su dolencia, y mi papá le medía la presión, le tomaba la temperatura, y entre una cosa y otra le soltaba: ¿y cómo va con su mamá? ¿Hace cuánto que no habla con su papá? ¿Qué tal la lleva con su hijo?

Lo que a mí me tocaba ver era la parte de después. Mi viejo llegando a la casa con una anécdota nueva. Que el señor de la rodilla resultó que no se quería arrodillar ante nadie, en ninguna parte de su vida. Que el del hombro andaba cargando responsabilidades ajenas y no las soltaba ni dormido.

Y ahí está lo que se me quedó pegado: más allá del paracetamol o de la pastilla, lo que sanaba a esa gente era la platiquita. Ese consejo. Esas palabras que les decía mi viejo.

Yo no aprendí esto en un curso. Lo aprendí en la mesa de mi casa, oyendo a un médico contar su día. Y ojo con una cosa, porque es la que sostiene todo lo demás: él preguntaba por la madre además de tomar la presión. Nunca en lugar de.

Todo lo que sigue es lo que me pasó a mí un martes, en una clase de yoga, con esa antena puesta.


El dolor que llevaba días

Era el femoral izquierdo. Un dolor que no me dejaba agacharme bien. Corría desde el muslo hasta la espalda baja, como un cable tenso que conectaba dos zonas que no deberían estar conectadas. Cada vez que intentaba inclinarme — amarrarme los zapatos, recoger algo del piso, hacer una flexión hacia adelante — el cuerpo me frenaba. No era un dolor agudo. Era un "no vayas ahí."

No le había dado muchas vueltas. Cosas del cuerpo, pensé. Algo muscular. Ya se quitará.

Pero llevaba días sin quitarse. Y ese día entré a la clase con eso encima.


Lo que no esperaba

A mitad de la práctica, el dolor del femoral izquierdo desapareció.

No fue gradual. No fue que "se calentó el músculo" y dejó de molestar. Fue que en algún punto de la clase el cuerpo soltó algo. El cable que estaba tenso se destensó. La flexión que no podía hacer la pude hacer. Se fue.

Y llegó otro.

Un dolor nuevo, en la espalda baja pero del lado derecho. Más arriba que el anterior. Menos intenso. Diferente. El primero me bloqueaba — este solo me avisaba. Me dejaba hacer casi todo, excepto torcer. Al girar el torso era cuando sentía un tirón leve, como diciendo "aquí estoy."

No me espanté. Pero sí me llamó la atención. El dolor no se fue — cambió de lado.


Izquierdo y derecho no son lo mismo

En biodescodificación, el cuerpo no es simétrico solo en lo físico. También en lo que representa.

El lado izquierdo se asocia con lo femenino, lo receptivo, lo emocional. La madre. El pasado. Lo que ya fue. Lo que cargas de donde vienes.

El lado derecho se asocia con lo masculino, lo activo, lo proyectivo. El padre. El futuro. Lo que todavía no es. Lo que cargas hacia donde vas.

No es una regla absoluta. Es un mapa. Y como todo mapa, no es el territorio — pero te ayuda a navegarlo.

Cuando me detuve a leer lo que había pasado en esa clase, la secuencia no se sentía aleatoria.


La lectura del femoral

El femoral es el músculo que te permite avanzar. Dar el paso. Caminar hacia adelante. Es el motor de la zancada. Cuando el femoral duele, la lectura simbólica dice: hay algo en tu vida que no te deja avanzar.

Femoral izquierdo. Lado del pasado, de lo emocional, de la madre.

Y sí. Había un tema emocional con mi mamá que venía cargando. No un conflicto grande. No una pelea. Algo más sutil — una tensión de fondo que no había nombrado, de esas que están ahí pero que no sabes exactamente desde cuándo.

Que doliera al agacharme también tiene lectura. Agacharse es ceder. Bajar la cabeza. Someterse. El cuerpo decía: no puedo ceder en esto. No sé cómo procesarlo. No puedo ir hacia adelante con esto encima.

La lectura física es simple: tensión muscular acumulada, fascia acortada, falta de movilidad. Y seguramente era eso también. Pero la pregunta siempre es la misma: ¿por qué justo ahí, justo ahora?


Lo que se soltó en la clase

El yoga mueve cosas que no son solo músculo. Esto lo sabe cualquiera que haya practicado con regularidad. No hablo de energías místicas ni de chakras girando. Hablo de algo más concreto: cuando mantienes una postura que estira una zona bloqueada, a veces sueltas más de lo que esperabas. Una emoción. Un recuerdo. Una claridad que no tenías antes de entrar.

Ese día, en alguna postura que no puedo identificar exactamente, el cuerpo soltó la capa del femoral izquierdo. La tensión emocional que estaba ahí — lo de mi mamá, lo que no podía ceder — se procesó. No porque lo pensé. Porque el cuerpo lo movió.

Y cuando esa capa se fue, quedó expuesta la siguiente.


Lo que estaba debajo

El dolor derecho apareció más arriba, en la espalda baja. Zona lumbar. En biodescodificación, la zona lumbar baja es la seguridad existencial. El sustento. La capacidad de sostenerte — no emocionalmente, sino materialmente. Trabajo, dinero, futuro.

Lado derecho. Lo masculino. La acción. El futuro. Lo profesional.

Y dolía al torcer. No al agacharme, como el anterior. Este no me impedía ceder — me impedía cambiar de dirección. Girar. Ver las cosas desde otro ángulo.

La lectura era casi demasiado literal: ya no me frena lo emocional del pasado. Ahora lo que queda es una resistencia a girar hacia el futuro profesional. Incertidumbre. No saber exactamente para dónde va esto. Y el cuerpo lo puso exactamente donde la biodescodificación dice que lo pondría.

Pero con una diferencia clave: este dolor era menor. Me dejaba hacer casi todo. No me bloqueaba — solo estaba ahí cuando intentaba torcer. Como una nota al margen, no como un párrafo entero.


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